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¡Política energética nacional o dependencia! PDF Imprimir E-Mail

El título de esta columna seguramente les recordará a muchos las consignas de las décadas del sesenta y el setenta, plenas de fervor tercermundista y desbordantes de voluntarismo.

Los tiempos han cambiado mucho, mas por razones muy distintas a las que se invocaban en aquellas épocas, la necesidad de energía –lo que mueve al mundo-nos vuelve a poner en jaque.


Es verdad que hay un uso político de los recursos energéticos. La feroz concentración de las dos terceras partes de los yacimientos petrolíferos conocidos en una docena de países –muchos de ellos con gobiernos inestables-conduce a los mismos a la tentación de un uso tiránico del vital elemento.

Hace unos años el Presidente Ricardo Lagos denunciaba: “los que tienen recursos como el petróleo o el gas han comenzado a hacer planteamientos políticos, más allá de las condiciones de comercialización ligadas a su riqueza”. O sea, en otras palabras: una cosa es la legítima defensa de los intereses comerciales, y otra muy distinta es procurar imponer decisiones políticas a otros países utilizando como amenaza el petróleo.

Lagos iba más allá y arriesgaba: “sabemos que entre nosotros algunos también han presionado al utilizar el elemento energético como instrumento negociador para afrontar temas ajenos a la política”. Al que le caiga el sayo que se lo ponga.

Pero además de la dependencia que impone a los países que carecen de ella a manos de los que la detentan en abundancia, la energía está generando nuevas formas de dependencia. Por ejemplo, de los países respecto de las compañías petroleras; y de estas frente a la escasez de conocimiento y experiencia en algunos tópicos cruciales. Veamos un ejemplo de estos días.

Estados Unidos es la mayor potencia mundial, no cabe duda.

Sin embargo, se ve expuesta a la incapacidad de detener el mayor derrame de petróleo de la historia, que continúa esparciéndose por el Golfo de México,destruyendo el ecosistema y pulverizando miles de puestos de trabajo vinculados a los recursos naturales de la zona afectada. Todo está sujeto a lo que unae mpresa – la British Petroleum- decida o pueda hacer. Esta empresa dice haber reunido a los mejores ingenieros del planeta en este problema específico, ha ensayado varias soluciones, todas ellas con enormes costos asociados, y –seis semanas después- no ha logrado avance alguno. Pero así el propio gobierno de los Estados Unidos se hiciera cargo de la situación y volcara recursos ilimitados, nadie sabe con certeza lo que hay que hacer para sellar la enorme pérdida. Recordemos: estamos hablando de una fuga de crudo a 1525 metros deprofundidad, donde no llega el hombre, y donde las condiciones de temperatura,presión y visibilidad son extremas.    

Por tanto da preocupación ver al Presidente Obama emitir declaraciones exigiendo soluciones, pero atado de manos ante los riesgos del “petróleo difícil” (ver nuestra columna anterior), sin saber a ciencia cierta como hacer para proteger a sus ciudadanos.

Esta dependencia creciente frente a los países petroleros, frente a las compañías petroleras e –incluso- frente a la propia tecnología del petróleo, que se nos revela insuficiente ante los desafíos actuales, ha llevado a los gobiernos criteriosos del orbe a diseñar políticas energéticas que les permitan mitigar dicha situación.

Tal es el caso de Chile –por lo general el mejor alumno de la clase sudamericana-, que ha elaborado una estrategia que le ha permitido reducir sus riesgos, luego del brutal colapso del suministro argentino de gas, que casi paralizó al país trasandino. Pero también Brasil, a pesar de sus importantes reservas de petróleo, viene de anunciar esta semana el inicio de la construcción de Angra3, un nuevo reactor nuclear de 1405 MW, que deberá estar en funcionamiento enel 2015. Además de fijarse como objetivo disponer de varias centrales más para el año 2030.

A nuestra pequeña escala, disponer de una Política Energética Nacional,consensuada y de largo aliento, está a nuestro alcance. De hecho, ya hemos dado algunos pasos significativos: la creación de la Comisión sobre Energía Nuclear (con más de un año de funcionamiento) y de la Comisión Multipartidaria de Energía, que elaboró un trascendente documento para el nuevo gobierno,pueden constituir la base de sustentación de lo que estamos reclamando.

A ello adicionemos un sistema político capaz de encontrar puntos de coincidencia, algo que muchos países del continente miran con admiración y otros no alcanzan siquiera a comprender, tan presos están de enfrentamientos maniqueístas.

“La base está” y “matemáticamente tenemos chance”. Buen remate previo a un Mundial.

Publicado el 4 de junio en la edición digital e impresa de La Democracia www.lademocracia.info


 
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