Las Bases Para Construir: 8 Claves Para Poner al País en Marcha PDF Imprimir E-Mail

Estimadas amigas y amigos:

Hace apenas nueve semanas la Asociación de Dirigentes de Marketing me invitó a expresar mis ideas acerca del futuro del país.

De inmediato pensé que el desafío consistía en evitar formular, una vez más, un catálogo de nuestras desventuras, por todos padecidas y conocidas. Consideré que era una valiosa oportunidad para imaginar más allá de nuestros límites y ayudar a construir una visión del Uruguay que queremos.

El conjunto de las propuestas, denominado "8 Claves para poner el país en marcha", fue presentado un mediodía a comienzos de setiembre. Nunca hubiera podido imaginar las repercusiones de este hecho.

No me refiero solamente a los innumerables reportajes periodísticos realizados en los días posteriores, ni a los comentarios públicos vertidos por actores relevantes del quehacer nacional. Ciudadanos de toda condición social, de los más diversos pagos de la República, me hicieron llegar sus palabras de aliento, sino de entusiasmo, por las ideas vertidas. Muchos compatriotas, en parajes tan orientales como Cañada Nieto, Mariscala o Tranqueras, me manifestaron sus ganas de llevar adelante una patriada que hiciera realidad ese sueño tan anhelado y siempre postergado: vivir mucho mejor, en todo el sentido de la expresión.

Estos sucesos, llenos de significación, llevaron a que junto a un grupo de compañeras y compañeros, resolviéramos iniciar la marcha. Desde este histórico Cabildo, donde los orientales de la Patria vieja comenzaron a crear el futuro a partir de sus propias voluntades.

Estamos en un momento límite en la vida del país. Sólo hay dos opciones: volcar lo mejor de nosotros en la tarea dura y noble de construir un nuevo horizonte, o resignarnos a seguir sumergidos, tal vez para siempre en nuestras vidas, en un país gris y desesperanzado.

Los orientales que hoy iniciamos el camino estamos decididos a librar la patriada. Alguien cercano a mi corazón decía que "nada ni nadie abreviará nuestro propio y paciente esfuerzo". Ha llegado la hora. "Nada podemos esperar sino de nosotros mismos", bien dijo el mejor de todos nosotros.

Un país nuevo se hace con gente nueva. Gente nueva de ideas y nueva de corazón. Dispuesta a trabajar con dedicación por los valores básicos de la vida: trabajo duro, actitud de servicio, respeto, honestidad...

Y dispuesta a dar testimonio con sus actitudes de que un país nuevo será realidad. Estamos convencidos que esta llama se expandirá a lo ancho y largo del país, hasta constituirse en la verdadera columna vertebral del cambio en el Uruguay. Y lo hará con todos. Sin preguntar a nadie de donde viene, sino a donde va. Sin dejar atrás a los compatriotas pobres o marginados, que aquí no vamos a permitir que haya dos versiones de nuestro querido Uruguay.

Los invitamos a compartir esta trinchera en el frente de batalla por la esperanza.

Apostamos a la rebeldía, que debemos transformar en energía positiva para el cambio.

Sabemos que la lucha es dura y desigual. Peor sería negar la realidad, pretender relativizarla o buscar culpables para no tener que buscar soluciones. De eso ya tenemos bastante. Es la antesala del conformismo y la resignación.

Podemos derrotar el país gris.

Por difícil que parezca el momento que estamos viviendo, tengamos presente que el instante más oscuro de la noche es el que precede a las primeras luces del alba.

 

Ruperto Long.

Cabildo, 10 de noviembre de 2003

"...me voy a permitir hablar con total crudeza y sin
concesiones. Las circunstancias extremas que estamos
padeciendo no nos dejan otra alternativa."


Clave, en latín, significa llave; por tanto, en esta presentación vamos a señalar cuales son, a nuestro entender, las principales llaves que permitirán abrir las puertas del futuro, no solo para superar la recesión en que estamos inmersos sino también y sobre todo, para dar al país un fuerte impulso hacia delante.

Aclaro que voy a hablar a título personal, procurando volcar en este Foro algunas de las conclusiones que he ido extrayendo, no solo a lo largo de trece intensos años en el LATU, sino también de un año y medio al frente de UTE, y de mi experiencia en el marco de la actividad privada y de la sociedad civil.

La mayoría de ustedes me conocen bien, saben de mi optimismo natural y de mi espíritu constructivo; pero "lo cortés no quita lo valiente"; es hora de mirarnos al espejo, de pasar raya, de sacar conclusiones y sobre todo, de actuar en consecuencia. De modo que me voy a permitir hablar con total crudeza y sin concesiones. Las circunstancias extremas que estamos padeciendo no nos dejan otra alternativa.

Estamos todavía viviendo una situación gravísima. Las cifras son claras y contundentes.

El Uruguay está cursando su quinto año consecutivo de recesión, un fenómeno que nuestro país no había vivido nunca, por lo menos desde que se llevan estadísticas. Según algunos estudios, si creciéramos al 3% a partir del 2004, necesitaríamos siete años para volver al nivel de producción del año 1998, año previo al inicio de la crisis. Es decir, 12 años perdidos. La desocupación se sitúa en el 17%, pero si la corregimos tomando en cuenta la emigración, considerando los 100.000 uruguayos que emigraron en los últimos 3 años y medio, se superaría largamente dicho porcentaje. Uno de cada cuatro o cinco uruguayos no consigue trabajo en su propio país. La deuda externa multiplica por 6 las exportaciones de un año. En un momento en que el costo del dinero en el mundo llega a uno de los valores más bajos en la historia (alrededor del 1%), en el Uruguay casi no existe el crédito, y cuando lo hay, por lo general se pagan intereses que hacen inviable la ejecución de cualquier proyecto productivo.

Por otra parte, en los últimos años, hemos visto emerger una problemática social de escala desconocida para nuestro país: asentamientos marginales, mendicidad infantil, delincuencia creciente.

Hace tres décadas se decía que Uruguay debía "latinoamericanizarse", en el sentido de valorizar sus raíces comunes con nuestros vecinos y capitalizar nuestra herencia cultural.

Ahora nos estamos "latinoamericanizando", pero lo estamos haciendo de la peor manera.

En diez años, por vez primera, una generación en la que la mitad de sus integrantes nació y está creciendo bajo la línea de pobreza, alcanzará la vida adulta.

En diez años, si no reaccionamos ahora, vamos a desconocer el país en que vivimos.

Y diez años pasan volando, sobre todo en nuestro país, en el cual todos los cambios se procesan muy lentamente. Los uruguayos nos hemos asomado al abismo, y nos aterra lo que vimos. Estamos en un momento límite de la vida del país.

En esto no podemos ni debemos engañarnos: se acaba el tiempo. Tenemos que actuar ahora porque mañana será tarde.


"En diez años, si no reaccionamos ahora,
vamos a desconocer el país en que vivimos."



"...si un barco no sabe a que puerto se dirige,
no hay viento que le venga bien."


El problema es que en Uruguay abundan los diagnósticos, los análisis de coyuntura, las visiones de corto plazo.

Pero no acostumbramos a plantearnos la carencia fundamental: el Uruguay es un país sin norte, una comunidad que carece de un propósito definido. Los uruguayos no tenemos una visión compartida sobre nuestro propio futuro, por lo que mal podremos hacerlo realidad.

Bien se ha dicho: si un barco no sabe a que puerto se dirige, no hay viento que le venga bien.

El año pasado tuve ocasión de entrevistarme con el Primer Ministro de Irlanda John Brutton, uno de los artífices del milagro irlandés, y le pregunté: "Todos conocemos las cifras de ese milagro, pero, ¿cómo empezaron?". Me contestó: "Hay que analizar profundamente el país, sus problemas y oportunidades; luego fijar el rumbo y mantener firme el timón. Entonces, el milagro se produce de la noche a la mañana".

También a nosotros puede llegarnos ese día, pero para ello debemos determinar cuales son las claves o llaves que nos permitirán abrir las puertas del futuro, y de las cuales mencionaremos ocho que consisten básicamente en UNA VISIÓN, UNA ESTRATEGIA, CUATRO OBJETIVOS Y DOS BATALLAS, dos duras batallas que se deberán librar con toda energía contra la corrupción, que no es un tema menor, y contra determinadas prácticas que son comunes en la política nacional.



I


La primera clave para poner al país en marcha es entonces definir la visión del Uruguay que queremos.

En lo personal tengo la visión de que el Uruguay debe ser el centro de excelencia de América Latina; nadie está mejor posicionado para ello.

Calidad en la oferta de bienes y servicios, calidad en la atención al turista, calidad en la educación, en la salud, en la política de vivienda; calidad en la Administración Pública y en la aplicación de los recursos destinados a los programas sociales.

Es que en el mundo globalizado en el que cual vivimos no hay lugar para la medianía.

La primera tarea es entonces la de definir esa visión de un país que apueste a la calidad, dinámico en lo económico, con bienestar y equidad en lo social, y todo ello en el marco de una democracia moderna y abierta al mundo.

Para alcanzarla, contamos con una buena plataforma de partida.

Todos sabemos que en el mundo de hoy, las ventajas comparativas estáticas derivadas de la dotación de recursos naturales, han sido en gran medida sustituidas por las ventajas dinámicas, que se basan sobre todo en el capital humano. El Uruguay tiene una población de buen nivel educativo y con rica diversidad cultural. Pero además, posee un territorio bien integrado, irrigado y comunicado, con buenos suelos, importantes reservas de agua dulce, notables costas y playas, acceso de la población a la energía y al agua potable y una ubicación en el paralelo 35, que es en torno al cual florece el mundo desarrollado en ambos hemisferios.


"...visión de un país que apueste a la calidad, dinámico en lo económico,
con bienestar y equidad en lo social, y todo ello en el marco de una
democracia moderna y abierta al mundo."




II


Pero no basta con tener una visión por la cual luchar; la segunda clave es formular una estrategia adecuada para hacerla realidad.

Durante varias décadas se apostó, y algunos lo siguen haciendo aún hoy, al dirigismo y al estatismo.

En el otro extremo, desde comienzos de los noventa, una gran cantidad de países apostaron a la estrategia derivada del "Consenso de Washington", convencidos de que si aseguramos el equilibrio fiscal y privatizamos las empresas estatales, el crecimiento vendrá solo. Pero ello no sucedió. Por el contrario, el análisis de los escasos países que fueron exitosos en éste período, como es el caso de Irlanda, y también de Chile, país al que equivocadamente se suele citar como ejemplo de tales políticas, muestra lo siguiente:

a) las políticas macroeconómicas estables son una condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo;

b) para que el desarrollo se produzca es necesario implementar además políticas activas en diversas áreas y entre ellas en las siguientes:

- formación de capital humano

- estímulos a la producción, relacionados con el uso eficiente del factor trabajo

- promoción de exportaciones

- acceso al conocimiento y la tecnología

- localización de inversiones

- descentralización productiva.

De modo que no solo debemos tener una visión, sino también una estrategia para alcanzarla. En esta línea de pensamiento, no estamos solos, sino que pensadores de la talla de Michael Porter, Paul Krugman, Joseph Stiglitz, y en nuestro continente, Martín Redrado y José Antonio Ocampo, entre otros, han expresado conceptos similares. Todos ellos parten de la base de que para poner un país en marcha, es indispensable: a) definir un conjunto de objetivos claves y b) aplicar luego, para alcanzarlos, una batería inteligente de políticas activas.

¿Cuáles son esos objetivos?


"...para que el desarrollo se produzca es necesario implementar
además políticas activas en diversas áreas."




III


Un primer objetivo (y tercera clave) clave para nuestro desarrollo es la creación de un "mix" (una oferta) de productos y servicios competitivos y adaptado al mundo del siglo XXI.

Pero antes de referirnos a los rubros que pueden integrar esa oferta, debemos decir que a nuestro juicio, los agentes principales del proceso competitivo son las empresas y no los sectores. Y también que nuestro enfoque se basa en el concepto de competitividad sistémica, dentro de la cual distinguimos 4 aspectos: a) los patrones de organización político-jurídico-económicos de la sociedad; b) las políticas macroeconómicas; c) las políticas de apoyo a los sectores productivos; y d) los temas tecnológicos y de gestión de las empresas.

Es sobre estos aspectos que debemos actuar.

Por tanto no se trata de brindar subsidios ni protecciones, ni mucho menos de elegir ganadores y perdedores.


"...creación de un "mix" (una oferta) de
productos y servicios competitivos"

Se trata en cambio, de crear las condiciones para que aquellos sectores o empresas más competitivos puedan desarrollarse lo más rápido posible.

Veamos algunos casos exitosos en nuestro país y procuremos extraer conclusiones.

Así, en el sector agroindustrial, tenemos el caso de la industria láctea, que a finales de la década del 70 casi no existía en el ámbito internacional. Veinte años después, a finales de los 80 alcanza la cifra record de 170 millones de dólares de exportaciones. Los recursos naturales, más una política consistente de apuesta a la tecnología y la calidad, dieron sus frutos. Pero aun hay nuevas fronteras por conquistar. Una frontera interna: cerca de la cuarta parte de la producción de leche se vende cruda o procesada por 2500 queseros artesanales, que en la mayoría de los casos están lejos de alcanzar los niveles de calidad de exportación, pero que podrán hacerlo, solo si efectuamos una transferencia masiva de conocimiento y asesoramiento técnico "a pie de obra". De lo contrario no sucederá.

La otra frontera, las exportaciones, son la vida o muerte del sector: Es necesario evolucionar a productos de mayor valor agregado, como quesos especiales y yogures, fomentar las políticas de alianzas con empresas del exterior y sobre todo, llegar a otros mercados fuera de los cuatro tradicionales Para ello, es necesario brindar apoyos concretos (compartiendo costos entre el Estado y empresarios) para la participación de ferias y promoción de nuestros productos, así como establecer vínculos estrechos con agencias de control de países compradores, como lo está haciendo el Latu con la FDA de los Estados Unidos.

La historia de la forestación es conocida. En este rubro, los resultados de las políticas de promoción están a la vista. En solo 15 años, el Uruguay logró alcanzar las 600.000 hectáreas forestadas, cambiando la realidad de varios departamentos del interior y del país todo. Un nuevo renglón ha nacido, con exportaciones estimadas de 300 millones de dólares para los próximos años. Pero además, desde el punto de vista fiscal, las sumas que ha recaudado el Estado como resultado de ésta actividad superan ampliamente lo que ha invertido en incentivos. Por tanto, esta política, que hoy está siendo cuestionada debe ser mantenida, aunque probablemente modificando el carácter de los incentivos de modo de impulsar una industrialización creciente.


"...crear las condiciones para que
aquellos sectores o empresas más competitivas
puedan desarrollarse lo más rápido posible."

Veamos otro ejemplo. Diez años atrás nadie hubiera apostado un "vintén" por los vinos uruguayos. La vocación de los vitivinicultores uruguayos, más una política de promoción impulsada por INAVI, INIA y PREDEG que favoreció la tecnificación, dan hoy como resultado un pequeño milagro uruguayo, brindando beneficios a Canelones, Colonia, Artigas y Rivera, entre otros lugares. Pero ello no basta: el mercado de vinos es altamente competitivo; si bien las puertas están abiertas para los vinos denominados "del nuevo mundo", una presencia agresiva de nuestros productos en las ferias internacionales y en las principales cadenas comerciales es indispensable, y ello no es posible sin pequeñas ayudas inteligentes.

Podríamos agregar múltiples ejemplos de sectores agrícolas e industriales que mediante la aplicación de políticas adecuadas, podrían dar en poco tiempo, un salto formidable hacia delante.

Arribamos así a un tema fundamental para el futuro del país. Las micro y pequeñas empresas intensivas en mano de obra de alta calidad también representan una oportunidad de dimensiones insospechadas, particularmente en un momento en que la necesidad de trabajo es la primera prioridad para el país. Nos referimos, por ejemplo, a los apicultores, artesanos, mujeres rurales, queseros artesanales y productores de carnes no tradicionales. En los últimos años, desde el LATU y en conjunto con diversas organizaciones públicas y de la sociedad civil, hemos llevado adelante programas de transferencia "in situ" de conocimiento sobre producción, packing, gestión y marketing, además de colaborar en el acceso a los mercados a través de exposiciones dentro y fuera del país, locales comerciales, catas de productos y otros mecanismos. Los resultados han sido espectaculares.


"Las micro y pequeñas empresas intensivas
en mano de obra de alta calidad también representan
una oportunidad de dimensiones insospechadas"


"...un nuevo paisaje económico y social puede aparecer,
en muchos parajes, a lo ancho y largo del país"

Una evaluación primaria permite afirmar que, solamente en los sectores antes mencionados, se han asegurado o creado muchos miles de puestos de trabajo, con el valor adicional de que en la mayoría de los casos han afincado al trabajador a su pago, evitando la emigración rural. Se trata del fenómeno de ascenso social más importante de la historia reciente del país. En todos estos sectores se han generado exportaciones, por lo general a mercados exigentes. En el caso particular de los apicultores, que exportan más del 80% de sus productos a Alemania y a los Estados Unidos, sus ventas en el año en curso seguramente superarán los 20 millones de dólares. ¿Hasta donde podemos expandir este formidable modelo de desarrollo? No lo sabemos con precisión, pero lo que sí sabemos es que si el país es capaz de crear una "Fuerza de Tareas" a la escala del desafío que se plantea, un nuevo paisaje económico y social puede amanecer, en muchos parajes, a lo ancho y largo del país, en forma tal vez parecida a la que existe en Nueva Helvecia, Dolores o Young. El capital humano está.

Shumacher decía: "lo pequeño es hermoso". Estas experiencias demuestran, además, que lo pequeño es posible.

Y lo será más todavía si incorporamos soluciones tributarias y administrativas que permitan que las micro y pequeñas empresas que hoy se manejan en un ambiente de informalidad, se incorporen a la economía formal.

Veamos ahora algunos ejemplos en el área de los servicios.

La logística ha tenido una expansión reciente que sitúa las exportaciones del sector en una cifra cercana a los 250 millones de dólares. Más aún, la eventual consolidación del corredor logístico Belo Horizonte-Sao Paulo-Uruguay- Buenos Aires-Chile, a lo largo de cuyo trazado se crea la mayoría del PBI de América Latina, promete llevar las exportaciones a más de 500 millones antes de 6 o7 años, transformando al Uruguay en el centro de concentración y distribución de cargas de la región, abriendo posibilidades insospechadas no solo para Montevideo, sino también para los puertos del Litoral uruguayo y las ciudades de frontera, como Rivera-Livramento. Si asimismo incrementamos el porcentaje de contenedores a los que se le agrega valor, siguiendo el ejemplo de puertos modelo como Amberes, veremos que el efecto combinado permitiría la creación de no menos de 15.000 puestos de trabajo, que están a nuestro alcance. Pero para que ello suceda es necesario jerarquizar los regímenes de tránsito en el Uruguay y, probablemente, hacerlos converger hacia un solo régimen, así como pensar en la "certificación" de la logística, que tome en consideración aspectos como la calidad del servicio, la infraestructura técnica y la ética, de modo de cimentar un amplio reconocimiento internacional del Uruguay en la materia.

El desarrollo del sector logístico no solo genera oportunidades en sí mismo, sino que es decisivo para la competitividad de los demás. Cerca del 20% de los costos de un producto corresponden a la cadena logística. Uruguay deberá plantearse seriamente la creación de Centros de Distribución Regionales, en lugares como Brasil, México, Miami y China, en un esfuerzo conjunto privado y público, para facilitar las exportaciones a estos mercados y sus zonas de influencia.

Alvin Toffler ha caracterizado a la primera parte del siglo XXI como "la era de la supervivencia de los más rápidos". La logística puede ser una herramienta fundamental para que Uruguay deje de ser lo que adecuadamente se ha llamado "La Odisea del Despacio".

En el sector turismo, para el cual sin duda Uruguay está bien dotado, se han aplicado políticas activas consistentes en estímulos a la inversión y campañas de promoción. Resultado: en 10 años, entre finales de los ochenta y finales de los noventa, los ingresos se multiplicaron por 3, hasta situarse en el orden de los 600 millones de dólares actuales. Mucho resta por hacer. Por ejemplo, la creación de una Marca de Calidad en los principales destinos turísticos, como lo estamos haciendo entre la Intendencia de Maldonado, los operadores privados, ADM y el LATU, es una interesante iniciativa.

La informática, en cambio, es una actividad que "nació entre la hierba". Es verdad que los recursos naturales estaban disponibles, si por ello en este caso entendemos recursos humanos altamente calificados. Pero la inteligencia y la audacia de los emprendedores del sector es lo que produjo el milagro. Hoy somos el primer exportador de software de América Latina, por un valor de 84 millones de dólares, a mercados tan exigentes como Estados Unidos, Alemania, España e Israel. Sin embargo, la ausencia de un Fondo de Capitales de Riesgo, constituye una restricción importante para este tipo de actividad, que deberá ser eliminada.

Hemos dicho que uno de los principales recursos de que dispone el país es su capital humano. Durante años hemos visto como técnicos de primer nivel emigran a otros países. Hace cerca de una década nos preguntábamos: ¿no será posible organizar esa oferta y exportar conocimiento? Porque el dilema es de hierro: o exportamos el conocimiento de los uruguayos, o seguiremos exportando los uruguayos con conocimientos. Por eso la experiencia de internacionalización del LATU, llevada adelante en los últimos 5 años, reviste considerable interés. Hoy la empresa posee cientos de clientes, muchos de primer nivel, en toda América Latina, ha comenzado sus actividades en España y seguramente antes de fin de año lo haga en China. Ha abierto cuatro filiales en Costa Rica, Chile, México y Brasil. La casi totalidad del trabajo se ejecuta con técnicos uruguayos que viven en nuestro país y que viajan frecuentemente por el continente, visitando lugares tan diversos como la selva colombiana o Chiapas en México. Hay también consultoras, estudios de ingeniería, encuestadoras de opinión y otras empresas uruguayas llevando adelante experiencias similares; si trabajamos en conjunto y les damos los apoyos necesarios, Uruguay se transformará en un centro de irradiación de conocimiento a la región y al mundo, lo que va en perfecta sintonía con la visión de país que constituye nuestra primera clave.


"...o exportamos el conocimiento de los uruguayos,
o seguiremos exportando los uruguayos con conocimientos"

Todas éstas realizaciones exitosas tienen un denominador común: recursos humanos y naturales adecuados, asociados a políticas activas de promoción, que son lo contrario a una actitud pasiva o prescindente.

Del mismo modo es posible implementar políticas activas que barran horizontalmente varios sectores, como ser: incentivos tributarios para promover la inversión privada en tecnología, innovación y calidad, acceso de los sectores productivos a la información; creación de una "fuerza de tarea" responsable de la transferencia masiva de conocimiento a las micro, pequeñas y medianas empresas, preferentemente "en sitio"; creación de incubadoras de empresas, que jugaron un rol trascendente en varios desarrollos recientes, como los de Irlanda y el País Vasco, como las que está llevando adelante el LATU en asociación con la ORT, apoyo para la realización de giras tecnológicas, por países modelo y por sector y realización de estudios de Prospectiva Tecnológica, como los elaborados con la Cámara de Industrias del Uruguay, asociación con la ORT, apoyo para la realización de giras tecnológicas, por países modelo y por sector y realización de estudios de Prospectiva Tecnológica, como los elaborados con la Cámara de Industrias del Uruguay, de modo de orientar las decisiones de los actores públicos y privados.

Es que, como ha dicho Kasarda: "Aquellos países que puedan leer la escritura en la pared, antes que sus competidores puedan siquiera ver la pared, se catapultarán al éxito comercial".

Y podríamos seguir con ejemplos de políticas activas de bajo costo y alto impacto. Pero, obviamente, no alcanza con diversificar y mejorar la calidad de nuestra oferta. Es necesario llegar con éxito a los mercados exteriores.


"...Uruguay se transformará en un centro de irradiación
de conocimiento a la región y al mundo"



IV


Por tanto, un segundo objetivo (y cuarta clave), inseparable del anterior, es lograr una creciente inserción externa del Uruguay, lo que significa exportar para crecer.

Este objetivo tiene dos partes: la definición de una política externa y los instrumentos concretos de penetración de los mercados.

Sobre la política externa lo primero que debemos decir es que ésta debe ser una y no varias al mismo tiempo. El Uruguay ha tenido en los últimos tiempos variaciones y dudas en el rumbo de su política externa, lo que brinda ventajas a nuestros competidores. Es imperioso definir una política y aplicarla con continuidad.

En esta materia, puede tomarse como base el trabajo elaborado por el Embajador Carlos Gianelli, según el cual, cabe distinguir tres grandes áreas:

Primero: en las relaciones con los grandes mercados de los países desarrollados, caracterizadas por la existencia de restricciones proteccionistas en los sectores agrícola y textil, y por problemas también en las áreas de servicios, de propiedad intelectual, de contratación pública y otros, se impone nuestra participación como activos protagonistas en las negociaciones multilaterales en los que estos temas se resuelven, en especial en la OMC. Por eso tenemos que estar presentes en la Ronda de Doha, procurando tener allí una sola voz con nuestros socios del MERCOSUR.

En segundo lugar, para alcanzar acuerdos preferenciales con los dos grandes bloques regionales, la Unión Europea y el Nafta, también parece indispensable que el MERCOSUR negocie en conjunto, bajo el esquema de 4 más 1. Más allá de que nos guste o no este sistema, nos parece hoy el único posible.

Tercero, para alcanzar acuerdos de liberalización con otros mercados relevantes para Uruguay, será conveniente avanzar en el ámbito bilateral, sin duda más ágil y simple; tal podría ser el caso de China, con cuyo Embajador, mi apreciado amigo Wang Yongzhan, algo hemos conversado al respecto, así como con Rusia, Israel, Irán y los países de América Central, entre otros.

Cuarto, en relación al MERCOSUR, es imprescindible avanzar rápidamente hacia una unión aduanera plena, removiendo los obstáculos al comercio y coordinando las políticas macroeconómicas. Mientras no se resuelvan estos temas, resulta prematura e incluso contraproducente plantearse metas que como al creación de una moneda común, y en especial proponerse la creación de un Parlamento del MERCOSUR, lo que no solo resulta distractivo de los temas esenciales, sino que expone a los gobiernos al rechazo categórico de los pueblos que, con toda razón dirán: no con nuestros impuestos.

Complementando lo anterior, es indispensable fortalecer nuestra capacidad negociadora en materia comercial. La misma debe estar presidida por una visión común, elaborada como política de Estado conjuntamente, entre otros, con el sector empresarial.

Tenemos que formar más negociadores, ya que los que existen son insuficientes, y éstos, además de poseer una muy buena formación técnica, deben ser independientes, dando satisfacción a un Código de Etica exigente, tal cual corresponde a los delicados intereses nacionales que los mismos deben defender.

En el plano de los instrumentos hay mucho por hacer, pero lo primero es definir por parte del sector público que las exportaciones constituyen la base fundamental del desarrollo del país. En el caso de Chile, según Redrado, "el rol protagónico lo jugó la promoción de exportaciones: existieron incentivos (...) y apoyo institucional orientados claramente a ampliar y diversificar la base exportadora".

La referencia de Redrado es por demás elocuente. De nada sirve abrir nuevos mercados mediante la negociación, si luego los mismos no son efectivamente conquistados mediante la promoción.


"...es indispensable fortalecer nuestra capacidad
negociadora en materia comercial."

Nos referimos hace un rato a la necesidad de reformular la oferta en función de los mercados. Es evidente que la misma debe ser acompañada por una activa e intensa política de promoción.

Para que ella sea posible, debemos comenzar reformando profundamente el servicio exterior uruguayo. También en este aspecto debemos tener en cuenta la experiencia de Chile, país en el cual se separaron las funciones diplomática y comercial con especial énfasis en la segunda, y creando una entidad, Pro-Chile, dotada de recursos suficientes e imbuída de una mística propia, la de representar una de las trincheras claves en la lucha por el desarrollo del país; también resulta interesante vincular las retribuciones con los resultados obtenidos, como se ha hecho en diversos países.

En Uruguay, la promoción comercial debe estar centralizada en una única organización que cuente con la participación efectiva del sector privado en su dirección. En aquellos países en los que no se justifica la existencia de una Embajada o una Oficina Comercial, deben crearse antenas comerciales, que resultan mucho más económicas, y que de todos modos permitirán explorar los mercados y atender las demás inquietudes que planteen las empresas uruguayas.

En cuanto al apoyo para la participación de nuestras empresas en Ferias en el exterior, se podría pensar en algún mecanismo innovador que vinculara el apoyo con los resultados.

Nuestro país debería contar con un Sistema de Inteligencia Comercial (similar al SIC de México) para la búsqueda de oportunidades de exportación, así como disponer de un Sistema que permita conocer en tiempo real las exigencias técnicas que debe satisfacer un cierto producto para ingresar a un país determinado; en tal sentido, estamos en condiciones de informar que el LATU ha llegado a un acuerdo con Inmetro de Brasil para que las empresas uruguayas puedan acceder al sistema Alerta Exportador, que permite brindar dicho servicio, por producto y por país, para los 146 países integrantes de la OMC, y que se mantiene permanentemente actualizado; vale agregar que en el continente americano solamente Estados Unidos posee un sistema similar.


"...la promoción comercial debe estar centralizada
en una única organizaión que cuente con la participación
efectiva del sector privado en su dirección."

Asimismo, es necesario mantener una actitud vigilante y activa para combatir las barreras técnicas al comercio (TBT), que amenazan con convertirse en un flagelo de nuestro tiempo; quiero anunciar también que, con el apoyo de la Asociación Estratégica de los Institutos Tecnológicos del MERCOSUR, que tengo el honor de presidir, estaremos instalando próximamente en Uruguay un Consejo Internacional para Superar los Obstáculos al Comercio, con personalidades relevantes de todo el mundo, para mejor comprender y enfrentar esta barreras al libre comercio.

Finalmente, del mismo modo que pretendemos competir lealmente con nuestros productos en el exterior, debemos evitar la competencia desleal en nuestro propio mercado interno; por pequeño que éste se pueda considerar, porque es el trampolín para que la gran mayoría de las micro, pequeñas y medianas empresas uruguayas puedan saltar al exterior.

Así, es necesario aplicar con firmeza todas las medidas legítimas admitidas por la OMC, como la aplicación de derechos antidumping, de derechos compensatorios y cuando ello sea necesario, también de salvaguardias; y combatir la subfacturación mediante el uso adecuado del régimen de valoración aduanera, y toda otra forma de contrabando técnico o físico.

Además, debe recurrirse con diligencia y energía a los mecanismos de solución de controversias del Mercosur establecidos por el Protocolo de Brasilia que tiene una nueva y más adecuada versión en el Protocolo de Olivos. El caso de las Zonas de Promoción Industrial de la República Argentina, que lleva 8 años sin ser resuelto, es un buen ejemplo de lo que no debe suceder.


"...debemos evitar la competencia desleal
en nuestro propio mercado interno"

Y algo fundamental: no adoptemos estas medidas con sentido pecaminoso, con la sensación de que estamos violando algún principio económico fundamental. Por el contrario: comprendamos, de una vez por todas, que la aplicación de todas estas medidas constituye la contracara necesaria de los procesos de integración económica y de apertura comercial externa.

 

V


Un tercer objetivo (y quinta clave), complementario de los dos anteriores, es elevar sustancialmente el nivel de inversión ya que de lo contrario, como todos sabemos, no habrá crecimiento.

Hoy sabemos que el ahorro de los uruguayos no es tan bajo como se dijo siempre. Se estima que los depósitos de los uruguayos en bancos del exterior, superan holgadamente los 4.000 millones de dólares. Si le sumamos los ahorros colocados por residentes en los bancos del país y lo que se supone está guardado en el popularmente denominado "colchon bank" (en las casas y en los cofre forts), tenemos una suma que supera cómodamente los 10.000 millones de dólares. Imaginemos por un instante que el 20% de esa suma se invirtiera en actividades productivas en nuestro país; estaríamos hablando de 2.000 millones de dólares, una cifra impresionante, que provocaría una verdadera revolución productiva.

Por otra parte, si no logramos convencer siquiera a una fracción de los potenciales inversores uruguayos, ¿cómo vamos a convencer a otros? No cabe duda que el único camino es el de crear las condiciones que fomenten la inversión.

Es sabido que los inversionistas, antes de adoptar una decisión de inversión, prestan atención a numerosos factores, entre los cuales se encuentra la existencia de una visión de país sustentada en políticas de largo plazo y de un buen stock potencial de proyectos productivos rentables, el grado de modernidad del Estado y el nivel de corrupción. Pero nos centraremos ahora en uno de los aspectos de mayor relevancia: los inversores reclaman estabilidad, y la estabilidad implica al menos tres dimensiones:

Políticas de Estado, seguridad jurídica y recursos humanos apropiados, garantizados por una política educativa de largo plazo.

No cabe duda de que el Uruguay es hoy un país dividido en numerosos fragmentos, bloqueado en sus decisiones básicas. El Embajador de Corea Jaebum Kim decía hace poco que la receta del surgimiento económico de Corea, un país bastante más chico que el Uruguay y cubierto de montañas en un 85%, que pasó de una economía de base agropecuaria a ser una potencia industrial exportadora, fue la unión entre los habitantes y la determinación de un objetivo común. Parece que estamos un poco lejos de esa realidad.

Por su parte, en el caso ya mencionado de Irlanda, la realidad en 1987 era muy similar a la actual de nuestro país: imposibilidad casi total de adoptar decisiones trascendentes.

La creación de un Consejo Económico y Social, con la participación del gobierno, las organizaciones empresariales y sindicales, dio origen a la política de "social partnership", que muchos consideran una de las claves del modelo irlandés. He tenido oportunidad de hablar con varios integrantes de dicho Consejo, y todos coinciden en que la articulación social y económica permitió ir construyendo políticas de estado en temas relevantes, que se encararon en forma separada de las urgencias de todos los días. Por eso la importancia de no pensar solo en el corto plazo sino de elevar la mira para evitar que el país se nos vaya de las manos.


"Políticas de Estado, seguridad jurídica y
recursos humanos apropiados, garantizados por una
política educativa de largo plazo."


En tal sentido, proponemos la creación de un Consejo de características similares, con el cometido de ir construyendo en temas relevantes Políticas de Estado, siempre tan ausentes y tan anheladas.

En relación a la seguridad jurídica, cabe señalar que su existencia es considerada decisiva por los inversores de todo el mundo. Algunas leyes nacionales como la Ley de Inversiones y la Ley de Zonas Francas garantizan la estabilidad tributaria, pero solo a los inversores que se acogieron a los regímenes especiales que dichas leyes creaban, quedando los demás afuera. Por otra parte, la seguridad jurídica debería alcanzar también a temas no tributarios, como ser, que no se modifiquen mediante leyes los contratos libremente celebrados por los particulares; que se asegure el acceso a decisiones judiciales rápidas y efectivas; que las empresas no abusen de su posición dominante en el mercado o no celebren acuerdos contrarios a la libre competencia.

En este último aspecto, cabe señalar que el régimen de defensa de la competencia estructurado por ley en el año 2000, que es tanto más imperfecto que el creado por el Protocolo de Defensa de la Competencia del Mercosur en el año 1996, debe ser modificado.

Finalmente, en relación a la educación, se trata de un sector en el que, más allá de las dificultades, debe invertirse cada vez más, porque de lo contrario, no podremos tener un país como el que estamos soñando. Pero para eso, debemos estar seguros de que los recursos se van a utilizar de manera eficiente. En tal sentido, debería asociarse el incremento de la inversión con la implantación de sistemas de gestión de calidad certificados por una tercera parte independiente, que aseguren la mejor administración de los recursos invertidos. La disponibilidad de recursos humanos calificados es el factor que más pesa en la decisión de invertir a mediano y largo plazo. El desarrollo acelerado de la educación a distancia (particularmente en el sector terciario y de transferencia de tecnologías de producción, gestión y marketing) es indispensable. Parece increìble que en pleno siglo XXI, cuando varias de las Universidades más grandes del mundo no son presenciales, un joven en Uruguay tenga que emigrar a Montevideo para poder obtener un título universitario.


"...la seguridad jurídica debería alcanzar también a temas
no tributarios, como ser, que no se modifiquen mediante leyes
los contratos libremente celebrados por los particulares"



VI


Un cuarto objetivo debe ser la construcción de un nuevo Estado.

Mucho se ha hablado del Estado y de su transformación. Sin embargo, todos sabemos que no se ha logrado lo suficiente.

En definitiva, y más allá de su tamaño, lo que precisamos es un Estado que funcione con eficacia, que sea un instrumento de apoyo al desarrollo de los sectores productivos y no un freno, como lo es lamentablemente muchas veces.

Para ello en el mundo moderno existe una herramienta que está produciendo una revolución silenciosa en cientos de miles de organizaciones en todo el mundo: la Calidad Total. Es hora de que la apliquemos a nuestro Estado.

La implantación de un sistema de gestión de la calidad en una organización permite garantizar plazos muchos más breves para cualquier trámite o gestión, disminución sensible de los gastos, una excelente atención del cliente, la dignificación de los funcionarios, la promoción de aquellos más calificados y, en el mediano plazo, lograr tener una estructura dimensionada a las reales necesidades. Aplicado todo esto al Estado, el mismo terminará siendo seguramente no solo menos costoso, con el consiguiente descenso de la presión tributaria, sino también más ágil y eficiente.


"...lo que precisamos es un Estado que funcione con eficacia,
que sea un instrumento de apoyo al desarrollo de los
sectores productivos y no un freno,
como lo es lamentablemente muchas veces."


Ahora bien: hemos visto que existe en el Uruguay un retraso considerable del Estado en esta materia respecto del sector privado. ¿Cómo podemos recuperar el tiempo perdido?

Proponemos la instrumentación, con toda decisión y energía, un Plan Selectivo de Calidad que ponga su foco en los procesos más relevantes para los ciudadanos y los sectores productivos, como es el caso de los cumplidos por las oficinas de compras, por las oficinas responsables de programas de apoyo al agro, a la industria, al turismo y a las exportaciones, o de aplicar regulaciones estatales como las bromatologías, habilitaciones e inspecciones de todo tipo, que constituyen frecuentemente frenos a la actividad controlada y oportunidades de corrupción.

Estamos diagramando las bases de un Plan de este tipo y las primeras estimaciones nos permiten afirmar que con una inversión muy baja se podrían obtener resultados espectaculares antes de los 24 meses.

Pero todo este esfuerzo se verá muy menoscabado si no somos capaces de colocar ciudadanos calificados al frente de las empresas públicas, que administran buena parte del capital que posee el Estado uruguayo. ¿Todos nosotros, accionistas de estas empresas, no debemos buscar gente altamente capacitada para conducirlas?

Y aquí no hago otra cosa que decir en voz alta lo que todos sabemos: muy a menudo, más allá de honrosas excepciones, se utilizan los cargos en los Directorios de las empresas públicas y entes autónomos como "premios consuelo" para aquellos que no resultan electos o como pago de acuerdos políticos, transformando la alta dirección de nuestros activos más valiosos, acumulados a lo largo de generaciones, en una suerte de "botín de los vencedores".

Debemos tener el coraje de establecer un sistema como el neocelandés o como el chileno, u otros similares, conforme los cuales se designa para ocupar los altos cargos de dirección de las empresas públicas a personas seleccionadas por sus méritos, a través de un Jurado imparcial, preservando para el poder político únicamente la facultad de elegir entre los que hayan calificado. Pero todo lo que hemos dicho hasta ahora será posible hacerlo realidad siempre y cuando estemos dispuestos a librar dos batallas, que constituyen precisamente las dos últimas claves a las que me quiero referir.


"Proponemos la instrumentación, con toda decisión y energía,
de un Plan Selectivo de Calidad que ponga su foco en los procesos
más relevantes para los ciudadanos y los sectores productivos..."




VII


La primera batalla (y séptima clave) tiene como objetivo abatir sustancialmente los niveles de corrupción que presenta nuestro país. ¿En qué nivel de corrupción estamos?

Según el informe de Transparencia Internacional para el año 2001 estamos un poco más arriba de la mitad de la tabla, en el lugar 35. Es cierto que estamos mejor que nuestros socios del MERCOSUR y muchos otros países, pero debemos acostumbrarnos a compararnos con los mejores y dejar de jugar al empate. Hay un país con características muy similares a las de Uruguay, que posee su mismo Indice de Desarrollo Humano, y que sin embargo se ubica en el lugar 18 de la tabla: Chile.

"Uruguay es más corrupto de lo que correspondería
a su nivel de desarrollo humano y a los valores que
cultiva. Esa es la verdad."


No hay ninguna razón valedera, ninguna excusa que podamos esgrimir que tenga que ver con la educación, con la pobreza, con la desigualdad o con la escolaridad, para justificar esa diferencia.

Uruguay es más corrupto de lo que correspondería a su nivel de desarrollo humano y a los valores que cultiva. Esa es la verdad.

¿Cuáles son las consecuencias? ¿Qué precio estamos pagando por ello? Investigaciones realizadas por diversos expertos, como Paolo Mauro y Rosa Alonso Terme, han logrado vincular el nivel de corrupción con ciertas variables como el porcentaje de inversión, el crecimiento del PBI y la desigualdad social, entre otros. En la Fundación Ciudad de Montevideo, institución que tengo el honor de presidir, hemos hecho un trabajo que analiza que pasaría con esos valores en nuestro país, en el caso de que disminuyéramos la corrupción a un nivel similar al de Chile.

En dicha situación el crecimiento del PBI per cápita sería de un medio por ciento más por año, lo que nos llevaría que si lo aplicamos para el período de 10 años anterior al año 2001, hoy tendríamos un PBI mayor en 700 millones de dólares al que tenemos. Por otra parte, si analizamos la inversión, que es uno de los factores más sensibles a la corrupción, vemos que la misma fue inferior en un 4% del PBI por año; por lo que, considerando los niveles de inversión de la última década, estaríamos en un orden superior promedio a los 500 millones de dólares por año de inversiones perdidas. También el nivel de corrupción incide en la desigualdad social; del mismo modo, el coeficiente de Gini tendría una mejora del 12%. ¿Somos conscientes de lo que esto significa?

Todo ello si nos comparamos con Chile. ¿Pero porqué no nos comparamos con Nueva Zelanda, un país de emigrantes, con tres millones y pico de habitantes, ubicado también en un rincón alejado del mundo? Las cifras serían aun más espectaculares.

Esto nos provoca una profunda rebeldía. Pero con la rebeldía no basta. Tenemos que pasar a la acción. Ahora mismo.

Aquí también necesitamos un conjunto de políticas activas que modifiquen rápidamente la situación.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero es tomar conciencia del problema, no negarlo ni, como se hace a menudo, relativizarlo.

Debe existir un claro compromiso del gobierno y de la sociedad toda en la lucha contra la corrupción. Así, la denominada Junta Anticorrupción debe ser dotada de recursos e instrumentos legales para que pueda actuar eficazmente.

Pero evidentemente, la educación es el principal antídoto. Tanto en lo que tiene que ver con la formación de valores, como en la implementación de programas específicos.


"..la rebeldía no basta. Tenemos que
pasar a la acción. Ahora mismo."


Es importante también que se hagan conocer al público los organismos competentes en la materia, para que la gente adopte un rol protagónico. Sería bueno, por ejemplo, organizar campañas con la participación de la Sociedad Civil, de modo de recoger ideas y propuestas para generar una sociedad más honesta.


"Debe existir un claro compromiso del gobierno y de la
sociedad toda en la lucha contra la corrupción."


Por otro lado, se debe trabajar en la formación de valores en los funcionarios públicos, estableciendo Códigos de Etica claros y precisos, comenzando a generar el concepto y por que no, la mística, de la honestidad del funcionario público uruguayo, que sin duda son la amplia mayoría, que lleve a prescindir sin contemplaciones de todos aquellos elementos nocivos que desprestigian la función.

Pero también deben aplicarse estrategias de corto plazo para obtener algunos resultados en forma inmediata. En tal sentido, la idea de las Islas de Integridad, preconizada por diversos organismos especializados en la materia, es una buena alternativa. Se trata de poner inicialmente mucha energía en aquellos lugares donde el efecto en la economía se vea más rápido, que constituyan verdaderos faros que iluminen el camino, de modo que los resultados que se vayan obteniendo alimenten positivamente todo el proceso. Tal es el caso de las oficinas de compras del Estado, la Aduana o la DGI.

Un muy estimado amigo, Luis Moreno Ocampo, hoy Fiscal de la Corte Penal Internacional, persona de la cual hemos aprendido mucho en esta materia, siempre nos recuerda que lo principal es prevenir, y a ello hemos apuntado hasta ahora en esta exposición. Sin embargo, una política de mayor dureza y agilidad en la aplicación de las sanciones, con una mentalidad de "tolerancia cero", también es indispensable. No hay nada que cause más desaliento en una organización que el hecho de que cuando se detecta un acto de corrupción, el proceso, si es que se inicia, se vuelva interminable y al final no pase nada.


Estos tiempos de prueba señalan el momento en que la gente honesta, que conforma la amplia mayoría de nuestra sociedad, enfrentada a tanta corruptela menor y mayor que amenaza con destruirnos dice: ¡basta, no va más, a limpiar la casa de una vez por todas!


"Estos tiempos de prueba señalan el momento en que
la gente honesta, que conforma la amplia mayoría de
nuestra sociedad, enfrentada a tanta corruptela menor
y mayor que amenaza con destruirnos dice: ¡basta, no va más,
a limpiar la casa de una vez por todas!"




VIII


La segunda batalla, (y última clave) a la que me voy a referir, consiste en cambiar radicalmente las actitudes y prácticas políticas imperantes en el país.

No es novedad si digo que la gente siente un profundo rechazo por lo que llama, generalizando seguramente en forma injusta, la "clase política". Una encuesta reciente realizada por Factum muestra a los partidos políticos en el último lugar en popularidad entre gran cantidad de organizaciones y sectores sociales del Uruguay, y por increíble que parezca, sobre todo en éstos momentos, aun por debajo de la Banca.

Lo grave de esta situación es que quienes ocupan posiciones políticas son, precisamente, los capitanes de ese barco que queremos que arribe a buen puerto. Y si los tripulantes y los pasajeros desconfían de quienes conducen el barco, seguramente se van a querer a desembarcar.

Es desde los más altos cargos públicos desde donde debe partir el ejemplo. El ejemplo, y no la retórica. Eisenhower, que no era muy bueno con los discursos, solía decir: nadie presta atención a lo que digo, pero todos se fijan en lo que hago.

Días atrás un periodista me preguntaba, ante los rumores de que podría ingresar a la actividad política, si ello se debía a que me había gustado la experiencia de las elecciones municipales, tres años atrás. Luego de aclararle que aún no había adoptado una decisión al respecto, le manifesté que en caso de hacerlo sería precisamente porque no me habían gustado algunas cosas de lo que había visto.

¿Qué es lo que no me gusta?

Por ejemplo, la mal llamada "profesionalización" de la política ha llevado a que demasiada gente tome a esa actividad fundamentalmente como un medio de vida. Una persona que hoy es legislador, mañana la ciudadanía no lo vuelve a elegir y pasa a ser vocal en el Directorio de un ente autónomo, luego director en algún Ministerio. Muchas veces el tipo de tareas que se deben desarrollar no importa en absoluto, porque solo interesa la importancia del cargo. Probablemente Leonardo da Vinci, que era un hombre multifacético, podría haberse desempeñado con éxito en todos esos cargos, ya que era a la vez científico, inventor y artista, y hasta cocinero, pero luego se rompió el molde.

El costo de ese desfile circular de figuras es una ineficiencia creciente.

Una variedad de lo anterior es el denominado "costo político", algo que deberíamos erradicar de nuestro lenguaje. ¿Porqué, si pensamos que lo bueno para el país es tal o cual cosa, se termina sosteniendo lo opuesto? Pues para no tener que pagar los famosos "costos políticos", lo que nos lleva a la demagogia y al doble discurso. Por otra parte, como nadie quiere pagar estos costos, los termina pagando el país.

Un gran uruguayo, hoy valorado por encima de los partidos, dijo una vez: "La forma más sublime de valor del hombre es afrontar la impopularidad, al adoptar decisiones a las que su deber lo condena, aun sabiendo que no van a ser comprendidas". Se llamaba Wilson Ferreira Aldunate. Sería bueno hacer realidad este pensamiento. ¿Podría haber mejor homenaje?

También es importante en nuestro debate político saber distinguir la crítica, franca y leal, del agravio. Y terminar con los agravios. Es otra cosa que ha cansado a la gente, que quiere ver resultados y no circo.

Adoptemos una actitud política basada en las ideas y no en los cargos. Qué el mezquino cálculo de los costos políticos sea desterrado para siempre de la cosa pública. Qué el agravio sea sustituido por la crítica franca.

Solo de esta manera, una nueva cultura política podrá emerger y consolidarse.

Se nos llamará idealistas o ingenuos. Sí, es verdad, somos idealistas.


"...saber distinguir la crítica, franca y leal,
del agravio. Y terminar con los agravios. Es otra cosa que
ha cansado a la gente, que quiere ver resultados y no circo."


Lo que sucede es que estamos hartos de que se nos diga, guiñando un ojo, "son las reglas de la política" o "la política es así". Yo digo: ¡así nos ha ido! ¡Démosle al idealismo una oportunidad!




Estas 8 claves o llaves se pueden considerar muy ambiciosas, deben servirnos para abrir a la vez todas las puertas necesarias para que nuestro país se ponga otra vez en marcha. En esto no pueden caber medias tintas, ni tampoco esa forma de claudicación que lleva el nombre de "gradualismo a la uruguaya". Es hora de apostar fuerte por el país, por el país que debe ser y que será. Podemos derrotar el pesimismo, la resignación, el país gris, la falta de imaginación. DEJEMOS QUE LOS SUEÑOS VAYAN ADELANTE.



"Podemos derrotar el país gris. Por difícil que parezca
el momento que estamos viviendo, tengamos presente que
el instante más oscuro de la noche,
es el que precede a las primeras luces del alba."

 

 
 
 
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