| 7 definiciones básicas en un momento de decisión |
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(Conferencia pronunciada por el Senador Ing. Ruperto Long en el Hotel Palladium el 31 de octubre de 2007) Título original de la Conferencia: “EMPRENDEDORES Y LIDERAZGO: ALTERNATIVAS DEL PRESENTE Y CLAVES DEL FUTURO”. Estimadas amigas y amigos, Me he permitido invitar a un núcleo tan destacado de emprendedores a compartir algunas reflexiones sobre el tiempo que nos toca vivir y, muy particularmente, sobre las avenidas que se nos abren de cara al porvenir. Voy a expresarme con respeto, como siempre lo hago, pero también con total franqueza. Que lo cortés no quita lo valiente. En ese sentido, la primer interrogante que nos planteamos es: ¿hacia donde estamos yendo? URUGUAY Y TRADICIONALES REFERENTES (Cuadro 1) ![]() Uruguay vive una situación extremadamente compleja y difícil. La evolución económica del último medio siglo muestra cuanto nos hemos distanciado de nuestros referentes tradicionales. España, Francia, Italia, los países de donde provinieron la mayoría de nuestros ancestros, tomaron la senda el progreso a mediados de la década del 50, mientras nosotros disfrutábamos de la gloria de Maracaná y seguíamos a paso de tortuga. Hace treinta años fueron los tigres de Asia que se nos escaparon, dando origen a la historia del león. Se cuenta que un día un asiático y un “oriental” se internaron en la selva. Súbitamente se les abalanza un león rampante. El uruguayo sale corriendo, voltea la vista y ve al asiático abriendo una bolsita y sacando un par de “championes”. Entonces le grita: “vos estás loco si pensás que por ponerte unos ‘championes’ vas a correr más rápido que el león”. Y el asiático le contesta: “no necesito correr más rápido que el león, solo necesito correr más rápido que tú”. URUGUAY Y LOS TIGRES DE ASIA (Cuadro 2) ![]() Lo que ilustra esta historia es lo relativo que es el progreso. Mientras estos hechos sucedían, nosotros mirábamos para el costado y veíamos a cantidad de gente en el pelotón, de modo que no nos preocupábamos demasiado: estaban nuestros vecinos del barrio mercosuriano, estaban Venezuela, Bolivia y Cuba. Eso sí: ya no estaban los europeos, tampoco los tigres asiáticos, y el pelotón se iba transformando en el “pelotón de los rezagados”. Solo Chile muestra un progreso constante en los últimos 25 años, y ya comienza a escaparse en solitario del resto de América Latina. URUGUAY Y AMÉRICA LATINA (Cuadro 3) ![]() En particular, a mí me interesa la performance tan distinta de la nuestra, que han exhibido algunos países de características similares: Finlandia, Nueva Zelanda e Irlanda. A finales de la década del 80 apostaron a los emprendedores, a la calidad y al conocimiento, y en 20 años produjeron una revolución, una revolución de verdad. Esa palabreja tan llevada y traída, en estos países se hizo realidad. URUGUAY Y PAÍSES BASADOS EN CONOCIMIENTO (Cuadro 4) ![]() Pero no solo me preocupa el rezago económico, sino muchas otras cosas que están sucediendo en el país. Como el flagelo de la emigración, terrible fantasma que recorre los hogares uruguayos. Y destruye nuestro principal recurso: el capital humano. Siete mil emigrantes en el 2004, 9 mil en el 2005, 17 mil en el 2006, se estiman más de 20 mil en el 2007, cada vez más jóvenes y mejor preparados. En resumen: cerca de 50 mil uruguayos abandonaron el país en el trienio, un sexto del total de los uruguayos en el exterior, según la CEPAL. EL FANTASMA DE LA EMIGRACIÓN (Cuadro 5) También nos preocupa la inseguridad pública. En 1999 se cometían cerca de 30 mil delitos contra la propiedad por año. Hoy estamos en 70 mil, es decir más del doble en 7 años. Y conste que todos sabemos que hoy hay muchos casos en que no se efectúa la denuncia. Imaginemos como puede ser el Uruguay dentro de diez años si este ritmo de crecimiento del delito continúa. Esto no es una sensación térmica, es una amenaza real. INSEGURIDAD PÚBLICA (Cuadro 6) ![]() También nos preocupa el deterioro en la calidad de vida. Por ejemplo, el aumento feroz de la drogadicción. En 5 años el consumo de cocaína se ha multiplicado por 4, y el de marihuana por 3, hasta ubicarnos en la trágica realidad de que hoy día el consumo de cocaína y pasta base de nuestros estudiantes de 15 y 16 años es el tercero de América del Sur, muy por encima del de Colombia, por ejemplo, que es un país productor severamente golpeado por las drogas. (Cuadros 7, 8 y 9) ![]() ![]() USO DE COCAÍNA Y PASTA BASE EN ESTUDIANTES DE 15 Y 16 AÑOS EN AMÉRICA DEL SUR ![]() Pero también nos preocupa la crisis de valores que enfrenta nuestra sociedad, lo que a nuestro juicio está en la raíz de los problemas que enfrentamos. Hace unos años fui invitado a la celebración del vigésimo aniversario de la Asociación para la Calidad de Suiza, que tuvo lugar en el principal hotel de Berna. Asistían personalidades de todo el mundo. Al cierre, fuera de programa, fui invitado junto a algunos otros asistentes a pronunciar algunas palabras. Cuando me tocó el turno se me ocurrió recordar la influencia de la emigración suiza en nuestro país, que ha sido ejemplo de cultura y de calidad en la producción. Al finalizar, se me acercó un hombre muy mayor, enhiesto y elegante, que me dijo: “yo nunca viajé fuera de Europa, y pocas veces fuera de Suiza, pero mi padre solía decirme que había un solo país, fuera de Suiza, donde se podía cerrar un negocio con un apretón de manos. Y ese era su país”. La verdad, no sé si esa era una de las razones por la que se nos llamaba la “Suiza de América”. Pero me gustaría que así fuera. El valor de la palabra empeñada. Por eso me duele que hoy sea moneda frecuente decir “como te digo una cosa, te digo la otra”. Nos preocupa que la gente perciba tanta distancia entre promesas y realidades, entre dichos y hechos. Porque ello socava la confianza del pueblo en sus gobernantes y debilita la democracia. Por ejemplo: el Director de OPP, Enrique Rubio, ha afirmado que “nadie ingresará al Estado de otra forma que no sea por concurso o sorteo”. Sin embargo, en este último trienio se han creado casi 10 mil nuevos cargos de funcionarios públicos, además de completarse las vacantes, lo cual significa que una ingresa una persona al Estado cada 12 minutos, por cada día que están abiertas las oficinas públicas. Además de casi duplicarse los cargos de confianza o similares. No ha faltado en esas designaciones el favoritismo y el amiguismo que antes y no sin razón, tanto se criticaban. Constituyen además de una manifestación de hipocresía, una falta de respeto a todos los uruguayos los argumentos con los que se han pretendido justificar algunas de esas designaciones. Vale la pena recordar las explicaciones de una Ministra de este gobierno cuando fue interrogada por la prensa respecto de una designación directa que ella había efectuado en su Ministerio: “No es un familiar, es el novio de mi hija, ahora se dice amigovio. Me parece que en ningún lugar está prohibido enamorarse”. También nos genera preocupación el crecimiento del Estado y sus intromisiones en la vida de los ciudadanos. Un Estado que hoy administra casinos, reparte garrafas, atiende peajes, fabrica frazadas de lana, produce portland, vende miel, expende combustibles e infla las cubiertas de los vehículos, entre muchas cosas, y no conforme con eso busca concretar intromisiones inadmisibles en la vida de los ciudadanos. Vean ustedes esto, extractado de un proyecto de ley a estudio del Senado: en el artículo primero se habla de “Deberes del Estado”, y luego en el artículo tercero se establecen, ni más ni menos, que “Principios éticos”. Y dice: “En materia sexual, se reconocerá la comunicación interpersonal placentera por sobre su función biológica vinculada a la procreación”. Subrayo: “por sobre”. ¿Pero, debe ser el Estado quien decida que es más importante, si el disfrute sexual o tener hijos? Este texto, incluido en el Proyecto de Ley de “Salud sexual y reproductiva”, presentado con la firma de 12 Senadores del Gobierno, es solo una muestra de una visión del Estado totalmente exacerbada, que rechazamos. Buena parte de estos problemas deriva de la falta de claridad en los objetivos que padece el país, que se revela en las grandes decisiones, y también en las pequeñas cosas, como lo ilustra este ejemplo. Extraemos textualmente, de un documento oficial, una definición de objetivos: “Crear un espacio de trabajo grupal que apunte a la reflexión de su labor cotidiana, contribuir a desarrollar salud ocupacional que posibilite el autocuidado y el cuidado de los otros sobre la base de la prevención conciente de los riesgos y situaciones de alto nivel de estrés, y por último, desarrollar capacidades personales e institucionales para identificar necesidades individuales y grupales, proveyendo herramientas para responder a las mismas mediante la consolidación de circuitos solidarios”. No se entiende mucho, pero suena como algo importante. Pues bien, esto es extractado de un contrato... ¡para que los 33 guardaespaldas presidenciales aprendan a manejar el estrés! Es, precisamente, esa falta de objetivos claros lo que habilita a que periódicamente tengamos que escuchar las propuestas más extravagantes e increíbles. Todavía hoy se sigue insistiendo, ya iniciado el siglo XXI, en que “una reforma agraria es imprescindible en este país” (Luis Puig, Dirigente del PIT-CNT). Por suerte, el Ministro Mujica ha aclarado las cosas: “Yo pertenezco a una izquierda que habla pavadas, que habla de reforma agraria y nunca ha plantado ni una planta de perejil, y si se tuvieran que ir para afuera a los 15 días habría que llevarlos a un sicólogo”. A confesión de parte, relevo de prueba. Y nos preocupa, muy particularmente, el rápido deterioro en el ambiente de negocios, porque está directamente vinculado al concepto, hoy tan olvidado, de “Uruguay Productivo”. El ranking del Banco Mundial, denominado “Doing Business”, de reconocida seriedad, nos dice que en relación al clima para producir y hacer negocios, hace dos años Uruguay estaba en el lugar 64 entre 178 países, y venía mejorando. Hoy está en el lugar 98. Mientras tanto Nueva Zelanda está en el segundo lugar, Irlanda en el octavo y Chile en el 33. Si vamos al detalle por categoría, vemos que Uruguay se encuentra muy lejos de estos países, entre otros aspectos, en el tiempo que se demora para abrir una empresa, en el acceso a patentes y en el tema de la tributación. Supongo que esto último no requiere de mayores comentarios. RANKING DEL BANCO MUNDIAL POR CATEGORÍAS (Cuadro 10) Pero además, este cambio negativo en el clima de negocios viene acompañado de permanentes cuestionamientos a la economía de mercado, a la que se descalifica desde todos los ángulos, y de la que incluso se cuestiona su permanencia en el tiempo. ¿Porqué un Ministro de Estado tiene que descalificar genéricamente a los emprendedores uruguayos, y anunciar que él va a estar “del otro lado”, enfrentándolos? “No les voy a pedir a los burgueses que sean socialistas, pero que sean burgueses como la gente. Yo voy a estar del otro lado, peleando con los trabajadores” (Ministro Mujica). ¿Porqué el principal asesor del Presidente debe afirmar que para la izquierda la superación del capitalismo debe ser un imperativo? ¿La izquierda no debe plantearse siempre la superación del capitalismo?(Sr. Esteban Valenti). ¿Porqué otra Ministra de Estado debe afirmar que el objetivo de su trabajo es la instalación de un sistema comunista en el Uruguay? “Las acciones del Ministerio contribuyen para que haya comunismo en el Uruguay, aunque yo no lo vaya a ver”(Ministra Arismendi). Por lo menos nos anuncia que no lo va a llegar a ver, lo que no deja de ser un consuelo. Y, como si esto fuera poco, ya se anuncian en el horizonte negros nubarrones poniendo en jaque, alguno incluso dirá en “jaque mate”, el derecho de propiedad. Los artículos 21 y 22 del Proyecto de Ley de Negociación Colectiva presentado hace dos semanas por el Poder Ejecutivo pretenden consagrar la ocupación de los lugares de trabajo como una extensión del derecho de huelga. Y el Proyecto de Ordenamiento Territorial, a estudio del Senado de la República, llega a establecer que podrían haber expropiaciones sin indemnización. ¿Adonde se pretende llegar? Adivinamos el puerto al que se pretende arribar, en aguas caribeñas, y decimos enfáticamente: no nos gusta. En resumen: asistimos a una crisis de valores, a una crisis de identidad como nación y a cuestionamientos básicos al sistema en que vivimos. Alguien nos podrá decir: pero también hay hechos positivos. Crece el PBI, suben las exportaciones. Es verdad. Pero en nuestra opinión, la extraordinaria coyuntura internacional que estamos viviendo, sin paralelo desde la época de la Guerra de Corea (la época “de las vacas gordas”), enmascara, edulcora, una realidad mucho más dura, siendo además evidente que nada se está haciendo a los efectos de preparar al país para cuando esa situación excepcional ya no esté presente. Por el contrario, el gasto público viene aumentando de tal manera que la situación amenaza con hacerse insostenible, no bien se produzca una modificación desfavorable en las condiciones externas. Nadie puede negar que estas imágenes forman parte de la realidad de estos tiempos: (Cuadro 11, fotografías de la realidad actual) Ocupación de fábricas, ocupación de tierras, ocupación de liceos, manifestaciones violentas, el Palacio Legislativo rodeado por manifestantes, la “tacita de plata” convertida en una “ciudad sucia”, la delincuencia en auge. La persona que aparece en el centro, encerrado por rejas, no es un presidiario; es un farmacéutico. Todos ustedes conocen historias similares. La lista podría seguir, y sería larga. Se ha perdido competitividad: ya estamos por debajo de los promedios históricos de largo plazo. La inflación amenaza con llegar a dos dígitos. Una defectuosa reforma tributaria ha castigado a los sectores medios, tanto activos como pasivos. La política exterior es errática. Cuando aparecen casos de corrupción, se mira para otro lado. Es necesario mirar la realidad a los ojos y no engañarse. Estamos en un momento de decisión histórico. Pero al igual que J. F. Kennedy, no nos conformamos con maldecir las tinieblas; lo que queremos es encender la luz que nos permita salir de la oscuridad. Por eso nos preguntamos: ¿Qué hacer? Y lo principal, lo esencial, es establecer con claridad las grandes definiciones, los grandes ejes de nuestro pensamiento y de nuestra acción. Que hemos sintetizado en 7 definiciones básicas que queremos compartir con ustedes. (I) En primer lugar: ¿cuál es la visión del país que queremos? Uruguay debe ser el centro de excelencia de América Latina. Un país que apueste a la calidad, dinámico en lo económico, con bienestar y equidad en lo social, y todo ello en el marco de una democracia moderna y abierta al mundo. Nadie está mejor posicionado para ello. Pero, ¿será esto así? ¿O nos estaremos engañando y esas ventajas comparativas que poseíamos en relación al continente en las épocas de “la Suiza de América” y de Maracaná se nos habrán esfumado definitivamente? Por eso es bueno saber como nos ven los demás. Ni más ni menos que una autoridad mundial como Ronald Inglehart ha elaborado, junto con un gran equipo de investigadores, lo que ha llamado el Mapa Cultural del Mundo (Cuadro 12). ![]() El investigador analizó las características de cada país (tanto culturales como en relación a su desarrollo económico), les otorgó un determinado valor numérico y luego ubicó cada país en un sistema de abcisas y ordenadas. Una vez terminado este trabajo observó que, curiosamente, los países quedaban agrupados en ciertas categorías. Por ejemplo, los países de Europa Oriental aparecían cercanos los unos de los otros, lo mismo los de América Latina o los países de habla inglesa. Obviamente, cuanto más cerca del cero nos encontremos, menor será el grado de desarrollo. Pero hay algunas anomalías. Y una de ellas es Uruguay, que aparece dentro del campo europeo, cerca de España e Italia, y bastante distanciado de América Latina, donde Argentina y Chile aparecen como los más destacados. Esas y otras comprobaciones ratifican que nuestra visión de que Uruguay pueda ser el centro de excelencia de América Latina no se sustenta en un falso orgullo, sino en una realidad empírica. Sin embargo, no sabemos valorar esa formidable plataforma de lanzamiento de que disponemos, construida capa sobre capa por numerosas generaciones, y queremos ser como Venezuela, que está mucho más abajo, o como Cuba, que ni siquiera figura en el mapa. ¿Qué nos pasa? Porque, además, ¿existen otras opciones? Sí. Algo que está de moda: igualar... hacia abajo. Lo que conduce a la miseria y al atraso. A veces pienso que estamos imbuidos de un espíritu de Pobreza Voluntaria. Como escribiera Vargas Llosa en un artículo memorable: “Queremos ser pobres”. Pero más vale que vayamos sabiendo que en el mundo actual no hay lugar para la medianía. No hay otra alternativa: excelencia o mediocridad. Todavía estamos a tiempo. Depende de nosotros. Un país del mínimo... o un país del máximo. Del máximo esfuerzo, del máximo compromiso, de la máxima calidad. (II) En segundo lugar nos preguntamos: ¿qué sistema económico queremos? Nuestra opción es, definitivamente, por una economía de mercado, con responsabilidad social. ¡Parece absurdo tener que definirse a favor de una economía de mercado a comienzos del siglo XXI! Esa definición debería ser hoy totalmente obvia. Pero como hay unos pocos países en el mundo donde este tema todavía está en discusión, a saber, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua y Uruguay, no hay más remedio que hacerlo. Aprovechemos, entonces, para agregar que para nosotros esto significa que hay un único objetivo: el desarrollo humano en su plenitud, lo que implica no solo justicia sino también libertad, dejando de lado las falsas oposiciones que se han planteado entre desarrollo económico y social. Ahora, ¿cómo se alcanza ese desarrollo? Afirmamos con toda claridad, y esto es central en nuestro pensamiento, que compartimos los conceptos de Schumpeter y Drucker en cuanto a la importancia decisiva de los emprendedores. Son los emprendedores, es decir, los empresarios privados o quienes dirigen las empresas, aunque no sean sus propietarios, cualquiera sea el tamaño de las mismas, así como los líderes de las organizaciones de la sociedad civil y de la Administración Pública, quienes abren picada al conjunto de la sociedad con su espíritu innovador, con su vocación de asumir los riesgos y con su capacidad de liderazgo. Son los que marcan el paso de la sociedad. Sin un conjunto de emprendedores suficiente, en cantidad y calidad, no hay sociedad que pueda salir adelante. Ese es parte del drama que enfrentamos: los emprendedores son subestimados, se encuentran bajo sospecha y se adoptan decisiones que provocan su desaliento. Por el contrario, debe ser un objetivo central de las políticas públicas crear las mejores condiciones posibles para el éxito de los emprendedores, así como fomentar el surgimiento de nuevos emprendimientos. Para ello la Estabilidad Macroeconómica es una condición necesaria, aunque no suficiente. También es necesario implementar Políticas Activas en áreas relevantes como la formación de capital humano, el acceso a las nuevas tecnologías, la promoción de las exportaciones o la localización de inversiones, entre otras. En definitiva: no somos estatistas ni asistencialistas, pero tampoco somos neoliberales. Creemos en una economía de mercado con responsabilidad social, en una economía social de mercado, al decir de Konrad Adenauer o Alcide De Gásperi. (III) En tercer lugar, digamos que estas políticas activas, o “ayudas inteligentes” como las llaman los chilenos, tienen un rol esencial en cuanto a abrir Nuevas Avenidas al desarrollo económico. Esto no tiene nada que ver con elegir ganadores y perdedores. Sí tiene que ver con remover obstáculos y crear condiciones favorables. Estas acciones pueden ser de diverso tipo: por ejemplo, iniciativas legales, obras de infraestructura o incentivos fiscales; y Uruguay posee algunas experiencias exitosas: la Ley Forestal, la Ley de Puertos, la Ley de Zonas Francas, así como los planes de desarrollo de la Cuenca Lechera y de la Cuenca Arrocera, entre otros. Hay diversas áreas de oportunidad, donde es necesario actuar, y rápido. No olvidemos que las oportunidades son blancos móviles. Algunos ejemplos:
Alguien podría decir: pero algunas de las políticas activas cuestan dinero, ¿habrá recursos disponibles? Por tanto, con nuestros asesores económicos hemos realizado el siguiente ejercicio. El Uruguay ha gastado en el MIDES 260 millones de dólares en el trienio. Digamos, de paso, que nosotros compartimos un Plan de Emergencia que contemple a las personas ancianas, a los niños y adolescentes, a las personas discapacitadas, en definitiva, a quienes se encuentran en una posición más vulnerable. En cuanto a los demás, como ha dicho Jorge Larrañaga, lo deseable para ellos y para la sociedad, es que se lo ganen trabajando. En ese análisis, hemos hecho el ejercicio de mantener un tercio de los recursos en el Plan de Emergencia, que igualmente constituye una cifra significativa, y nos hemos planteado cual habría sido el efecto de volcar los dos tercios restantes en “ayudas inteligentes” a sectores productivos. ¿El resultado? Se habrían creado decenas de miles de empleos genuinos. Son dos formas bien diferentes de encarar una misma realidad social. (IV) Corresponde ahora, en cuarto lugar, abordar una definición esencial: ¿qué Estado queremos? Un Estado que aplique 2 principios básicos: Uno: el principio de Subsidiariedad: “realizar todas aquellas funciones necesarias para la sociedad, que el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil no estén en condiciones de realizar”. Parece sencillo, pero sucede que esta no es la filosofía prevalente en buena parte de la conducción actual del país, y eso es lo grave. Como lo ilustra el diálogo en el que participé, que me permito compartir con ustedes, y que he titulado – parafraseando a Pascal – “El Estado por todas las ventanas”. Sucede en la Comisión de Presupuesto del Senado, el 19 de julio de 2007. Ministro Rossi: “Tenemos una ley de concesión de obra pública muy similar a la de Chile; pero algunos resortes deben explicar la diferencia que ha existido entre nuestro proceso y el de Chile, que se ha proyectado con una gran dinámica”. Senador Long: “Entre muchas razones, sucede que en Chile rige plenamente el principio de subsidiariedad, que consiste en que el Estado haga solo aquello que el sector privado no puede realizar”. Ministro Rossi: “Nosotros descartamos la participación directa de privados en mecanismos de concesión. La experiencia de Consorcio del Este, que aspiramos a que termine muy bien, va a ser asumida por otra empresa que también funciona en el Derecho Privado, la Corporación Vial, que es una concesionaria, aunque el 100% de las acciones son del Estado”. ¡Fíjense que extraordinario! Probablemente algo sin parangón en el mundo: el concesionante es el Estado y el concesionario ¡también es el Estado! ¿Cómo queremos que las cosas funcionen igual que en Chile? Dos: el segundo principio es el de Igualdad de Oportunidades. El otro cometido esencial del Estado es el de restablecer la igualdad de oportunidades para los ciudadanos; que todos iniciemos la carrera desde el mismo punto de salida. El arribo de cada uno al punto de llegada dependerá de muchos otros factores, entre los que se sitúan la capacidad, la preparación y la laboriosidad, como lo establece la propia Constitución de la República. Para equiparar a los corredores en el momento de la largada, el Estado dispone de diversos instrumentos, siendo el más relevante la educación, a la que nos referiremos sobre el final. Ahora bien: aunque coincidamos en estos dos grandes principios, cabe preguntarse, ¿cómo hacer para transformar el Estado? Porque se han ensayado diversos caminos, hasta ahora con poco éxito. Por ejemplo, se ha priorizado la reducción del número de funcionarios, prohibiendo su ingreso y estimulando su retiro. Sin embargo, siempre tenemos, al pasar de los años y sumando las diversas modalidades, aproximadamente la misma cantidad de funcionarios públicos. En el Uruguay hay 240 mil funcionarios públicos. Eso parece ser tan inexorable como la Ley de la Gravedad. Nadie puede contra ella. Por ello nos parece más realista el camino de Nueva Zelanda: el peso del Estado es similar al uruguayo, pero el Estado funciona muy bien y además no interfiere en la actividades de los emprendedores con absurdas regulaciones. ¿Cómo lograrlo? Sobre la base de 3 pilares. Primer pilar: un Presidente y un equipo con ideas claras, desde el primer día. (Cuadro 13, copia facsimilar de carta) Lo que ven aquí es una copia facsimilar de una “Carta de Misión” exclusiva. Cuando la conseguí hace algunos meses, gracias a una amiga que es Subsecretaria en el Gobierno de Francia, era cuasi secreta. Fue dirigida por el Presidente Sarkozy a su Ministra de Educación Superior Valérie Pecresse, estableciendo con toda precisión los objetivos a alcanzar durante el período de gobierno, en su área de acción. Dice, por ejemplo: “Esta Carta de Misión es para precisarle los puntos que consideramos prioritarios, y sobre los cuales le solicitamos obtener rápidamente resultados”. Y más adelante: “En las sesiones extraordinarias de verano del Parlamento usted deberá presentar un Proyecto de Ley modificando la governanza de las Universidades”. Sobre el final le indica que “deberá presentar indicadores de resultados, entre los cuales deben estar el aumento del número de jóvenes diplomados, la mejora de la clasificación de las instituciones de educación en los rankings internacionales, con el objetivo de clasificar al menos 2 entre los 20 primeros y 10 entre los 100”, y continúa. Lo mismo hizo con cada uno de los Ministros y jerarcas relevantes del Gobierno. O sea: un Estado con objetivos claros. Es un buen comienzo. Pero para eso se necesita un gobierno con un grado mínimo de coherencia interna, y no un gobierno cuyos miembros se viven criticando entre si, cuestionando algunos sistemáticamente las iniciativas de los otros, sin que nadie sepa si existe realmente un rumbo ni de existir, cual es ese rumbo. A los errores de concepción y de filosofía, se agrega lo que Eugenio Xavier de Mello ha llamado, con acierto, el caos decisorio. Es la receta perfecta para desalentar la inversión y desmotivar a los emprendedores. Segundo pilar: proponemos una “Ofensiva por la Calidad” en el Estado uruguayo. En el mundo moderno existe una herramienta que está produciendo una revolución silenciosa: la Calidad Total. Ustedes lo saben. Es hora de que la apliquemos a nuestro Estado. Proponemos la implantación de sistemas de Gestión de Calidad a lo ancho y largo de la Administración Pública. Desde ya aseguro que contaremos con todo el apoyo internacional que se requiera, al más alto nivel, para alcanzar este objetivo. Tercer pilar: aprobar una Ley de Indicadores de Gestión del Estado, siguiendo el modelo implantado en Francia en los últimos años. “No hay progreso sin medida”, han dicho sabiamente los metrólogos. Sin indicadores, es imposible saber si la gestión del Estado mejora o no. Nos manejamos por la intuición, avanzamos a tientas. Es como querer pilotear un avión sin el tablero de instrumentos. Saber como funcionan las distintas áreas del Estado, cuales lo hacen bien y cuales no, permite asignar mucho mejor las responsabilidades y los recursos, definiendo nuevos planes de mejora. (V) En quinto lugar, ¿cómo encarar la inserción internacional del Uruguay? Lo que Herrera llamó “El Uruguay Internacional”. Sabemos que debemos “exportar para crecer”. También aquí nos vamos a apoyar en tres pilares. Primer pilar: una profunda Reforma del Servicio Exterior, siguiendo un modelo similar al aplicado por Chile a su Ministerio, a través de ProChile. En definitiva, es nuestra principal multinacional, con oficinas en 50 países, personal calificado y un buen equipamiento. Tenemos que activar este recurso, que debe constituirse en la punta de lanza para la internacionalización de nuestro sector productivo. Segundo pilar: interconectar nuestra economía con el mundo, mediante la incorporación de nuevos Tratados de Libre Comercio. Respecto de los acuerdos de libre comercio, nuestro retraso en comparación con países como Chile es notable y carece de justificación. Tenemos acuerdos internos del MERCOSUR (incluido el acuerdo con Venezuela, que está todavía en el limbo), acuerdos a través del MERCOSUR con unos pocos países de la región y uno bilateral con México. En definitiva, acuerdos con media docena de países. ¡Pero en el mundo hay 200 países! Es demasiado poco. Tercer pilar: nuestro mercado interno debe ser leal y transparente. Por pequeño que este sea, es el vivero de nuevas empresas uruguayas y el trampolín para que luego las mismas puedan saltar al exterior. (VI) Una sexta definición básica: la educación es la base del desarrollo. ¿Recuerdan a Arquímedes? Decía: denme un punto de apoyo, y moveré el mundo. El punto de apoyo de un país, lo único capaz de mover montañas, es la educación. Por supuesto, educación de calidad. Donde el monto de inversión es importante, pero igualmente importante son los indicadores de gestión. De lo contrario puede ser un barril sin fondo, con escasos resultados para la sociedad. Donde también se requieren propuestas innovadoras. Como las de Jorge Larrañaga, cuando nos plantea: “La escuela pública como centro de las políticas sociales, niveladora de oportunidades (en algunos lugares: escuela abierta todo el año)”. Particularmente decisivo es elevar el nivel de inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación por encima del 1%. De lo contrario, estamos fuera de la conversación, ¡y más vale olvidarnos de Irlanda, Nueva Zelanda y Finlandia!. (VII) Una séptima y última definición básica, refiere a la ética y la vida pública. En las “8 Claves”, hace cuatro años, hablábamos de cambiar las actitudes y prácticas políticas, y de combatir la corrupción. Ahora, en línea con Igino Giordani, con Chiara Lubich, con Baggio (con quien tuve el honor de dar una conferencia conjunta en el Congreso argentino, un par de meses atrás), queremos ir más lejos y proponer la construcción de una Nueva Ética Política. El desarrollo de un país exige elaborar Políticas de Estado en los temas más relevantes. Y esa construcción nos exige tolerancia, capacidad de alcanzar consensos, pensamiento de largo plazo. Debemos saber distinguir, en el debate político, la crítica del agravio. Y desterrar el agravio. La gente necesita resultados, y no circo. Para ello es necesario abandonar el mezquino “cálculo de los costos políticos”, más parecido a una matemática prostituida, que a la exigencia impostergable de servir al bien común, que para eso estamos. En el afán de no pagar los costos políticos, se termina cayendo en la demagogia y en el doble discurso. Y al final, como nadie quiere pagar los “costos políticos”, los termina pagando el país. --------------------------------- En definitiva, hemos querido compartir estas inquietudes, reflexiones y estas 7 definiciones básicas con ustedes, un calificado conjunto de emprendedores uruguayos. Porque en el centro de nuestro pensamiento está el concepto de que los emprendedores estamos en un cruce de caminos, en un momento de decisiones trascendentes. No alcanza con hacer bien nuestro trabajo. Tenemos una responsabilidad de liderazgo para con nuestra sociedad, que no debemos rehuir. No es fácil Como dijo Camus: si la lucha es difícil, las razones para luchar son siempre claras. Me gustaría terminar esta breve exposición reiterando lo que es una convicción muy profunda y sentida: la de que más allá de las esperanzas traicionadas y de los sueños incumplidos, de los profesionales de la resignación y aún de los miserables que se regodean en mantener a nuestro país sumergido en la mediocridad y el desaliento, existe un mañana mejor. Pero ese mañana solo será posible si quienes nos sentimos parte del Uruguay emprendedor al que nos referíamos al comienzo, no bajamos los brazos y seguimos apostando sin claudicaciones, con tozudez y firmeza, a la modernización del país. Como dijimos hace más de cuatro años en el histórico Cabildo de Montevideo: “Podemos derrotar el país gris. Por difícil que parezca el momento que estamos viviendo, tengamos presente que el instante más oscuro de la noche, es el que precede a las primeras luces del alba”. Muchas gracias. |











